Perú: el consumo crece, pero pierde impulso

El gasto de los hogares aún avanza a doble dígito, pero muestra una desaceleración en los últimos meses. Los datos de alta frecuencia permiten ver con anticipación un cambio de ritmo que empieza a abrir interrogantes sobre la sostenibilidad del consumo.

El consumo de la región en stand by | OHN

El consumo de las familias en Perú continúa en expansión, aunque con señales cada vez más claras de moderación. De acuerdo con el Índice Big Data de Consumo elaborado por BBVA Research, el gasto creció 13,2% interanual en marzo, por debajo del ritmo observado en los meses previos, lo que confirma un cambio de tendencia tras un período de fuerte dinamismo.

A diferencia de los indicadores tradicionales, este índice se construye a partir de información en tiempo real proveniente de transacciones con tarjetas de crédito y débito, junto con movimientos de efectivo, todo ajustado por inflación. Durante los últimos meses de 2025 y el inicio de 2026, el consumo había mostrado un crecimiento particularmente elevado, impulsado por factores como una mayor liquidez en la economía, el avance del crédito al consumo y cierta recuperación del empleo. Sin embargo, ese impulso comienza a perder fuerza.

La desaceleración observada en marzo sugiere que parte de esos motores empieza a agotarse, en un contexto donde la inflación continúa afectando el poder adquisitivo.

El indicador también permite observar cómo se distribuye el gasto. El consumo sigue concentrándose en rubros esenciales como alimentos, transporte y vivienda, aunque también se mantiene activo en sectores vinculados al ocio y los servicios. En paralelo, se consolida una tendencia estructural hacia una mayor digitalización, con un uso creciente de tarjetas en detrimento del efectivo, lo que no solo transforma los hábitos de consumo sino también la forma en que se mide la actividad económica.

Más allá del nivel actual, lo relevante es el cambio en la dinámica. El consumo en Perú no está cayendo, pero sí está desacelerando. Este matiz resulta clave, ya que marca el pasaje desde una etapa de recuperación intensa hacia una fase más moderada, en la que el crecimiento del gasto dependerá en mayor medida de la evolución de los ingresos reales que de estímulos extraordinarios.

Una señal que se extiende en la región

El caso peruano no aparece aislado. Aunque con diferentes intensidades, varios países de América Latina comienzan a mostrar un patrón similar, en el que el consumo sigue creciendo, pero a un ritmo menor.

Chile, por ejemplo, muestra deterioro de las condiciones financieras de los hogares y se refleja en el aumento de la morosidad y en un mayor peso de las deudas de alto monto, lo que empieza a poner un límite al crecimiento del gasto. En Argentina, la recuperación del consumo masivo es aún incipiente y desigual, muy condicionada por la evolución del crédito y por la pérdida de poder adquisitivo en amplios sectores. Los casos de Uruguay y Paraguay, en los que si bien el consumo se mantiene relativamente estable, también se observa una moderación respecto del impulso posterior a la pandemia, mientras que en Bolivia las señales apuntan a una desaceleración más gradual.

En conjunto, la región parece ingresar en una nueva etapa, donde el consumo deja atrás el rebote post pandemia y comienza a moverse en un escenario más condicionado. En este contexto, el principal desafío será sostener el crecimiento sin que el mayor acceso al crédito derive en un aumento de la fragilidad financiera de los hogares.

El dato que dejan los registros en tiempo real es claro: el consumo no se está frenando, pero ya no corre al mismo ritmo. Y en ese cambio, empieza a jugarse la consistencia de la recuperación económica en la región.

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