La morosidad en créditos avanza y el BCRA propone cambios en el sistema de cobro

Mientras la mora escala a niveles máximos en dos décadas y supera el 25% en billeteras, el Banco Central de la República Argentina trabaja en un nuevo esquema de cobros que genera consenso en el diagnóstico, pero dudas sobre su efectividad.

BCRA propone, el mercado responde | OHN

La morosidad en el sistema financiero argentino consolidó en los últimos meses una tendencia que ya preocupa tanto a bancos como a fintech. Según datos del Banco Central, la irregularidad en créditos a familias se ubica en torno al 10% y muestra un salto significativo frente a los niveles de 2024, cuando se movía por debajo del 3%.

El deterioro se concentra en líneas de consumo: préstamos personales y financiamiento con tarjeta.

Fuera del sistema bancario, el fenómeno es más profundo. Reportes del mercado ubican la morosidad en billeteras digitales y proveedores no financieros en niveles cercanos al 25%, reflejando una mayor exposición a segmentos de mayor riesgo.

Señales del BCRA: más mora y menor dinamismo

Los últimos datos del Banco Central muestran que la cartera irregular del sistema alcanzó niveles máximos desde la salida de la convertibilidad, con un impacto directo sobre la rentabilidad de las entidades.

El aumento de incobrables empieza a reflejarse en los balances y ya condiciona la dinámica del crédito. Las entidades endurecen condiciones, mientras crecen las estrategias de refinanciación para evitar que los préstamos caigan en default. El resultado es un mercado más defensivo, con menor expansión del crédito y mayor foco en la gestión del riesgo.

Ante el deterioro, bancos y fintech avanzaron en esquemas de contención. Las entidades priorizan extender plazos, ajustar tasas y renegociar condiciones antes que reconocer pérdidas. La lógica es financiera: el costo de recuperar parcialmente un crédito es menor que asumirlo como incobrable.

Sin embargo, estas estrategias tienen un alcance limitado si el deterioro en ingresos se mantiene.

En qué trabaja el BCRA

En paralelo, el Banco Central avanza en cambios sobre la infraestructura de pagos vinculada al crédito. El foco está puesto en el sistema de Cobro con Transferencia (CCT), que introduce modificaciones en la forma en que se ejecutan los débitos.

El esquema establece que:

  • El cliente simula un préstamo.
  • Al aceptar los términos, es redirigido a una pantalla similar a la de Transferencias Pull en la que se loguea con los datos de su banco o fintech para prestar consentimiento.
  • En la cuenta de la entidad elegida se le acreditarán los fondos.
  • Cada mes, se le avisará hasta tres veces, con 48 horas de diferencia, que debe abonar.
  • Si la persona no salda la cuota del mes, ya no se podrá debitar: deberá renegociar
  • No existe el cobro retroactivo y las cuotas deben ser iguales.

La implementación está prevista de forma escalonada entre mayo y agosto.

El objetivo formal es ordenar el sistema y mejorar la transparencia en los cobros. En la práctica, el impacto sobre la morosidad es motivo de discusión dentro del sector.

Consenso en el diagnóstico, diferencias en la solución

El avance de la mora generó una convergencia poco habitual entre bancos y fintech. Ambos coinciden en que el deterioro del crédito al consumo es hoy uno de los principales riesgos del sistema. Sin embargo, hay diferencias sobre el camino a seguir. En el sector advierten que los cambios en el esquema de cobros pueden introducir fricciones adicionales.

Costos adicionales, negativas frente a la exigencia de consentimiento, falta de flexibilidad son algunas de las quejas de la industria. La discusión, en ese sentido, trasciende lo operativo.

La dinámica actual expone un punto de tensión más amplio. El crecimiento del crédito al consumo en los últimos años se apoyó en una combinación de expansión de oferta —especialmente desde fintech— y condiciones macro que favorecían el repago. Pero este equilibrio se modificó.

Con este escenario, el mercado descuenta que la morosidad se mantendrá elevada en el corto plazo. La evolución dependerá menos de factores financieros y más de variables macro: ingresos, empleo y tasas reales.

Para el BCRA, el desafío es doble. Por un lado, sostener el funcionamiento del crédito. Por otro, evitar que el deterioro escale a un problema más amplio dentro del sistema financiero.

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