El BCRA inicia una nueva fase para el crédito en línea con el FMI

El Banco Central de la República Argentina volvió a relajar los encajes bancarios para liberar liquidez y apuntalar el crédito en pesos. La medida se inscribe en el acuerdo con el FMI y marca un cambio respecto del endurecimiento de 2025. El desafío ahora es reactivar el financiamiento sin comprometer la estabilidad.

Nueva medida del BCRA para alinear estrategias con el FMI | OHN

El BCRA redujo las exigencias de encajes y volvió a dar una señal de cambio en la política monetaria, con el objetivo de destrabar el crédito tras meses de fuerte tensión. La medida permite a los bancos disponer de una mayor porción de los depósitos, en un contexto en el que el financiamiento al sector privado venía prácticamente estancado.

La decisión no es aislada, sino que forma parte de un proceso más amplio. Durante 2025, la autoridad monetaria había endurecido las condiciones de liquidez para contener tensiones cambiarias e inflacionarias, llevando los encajes a niveles elevados y reforzando los requisitos diarios de integración. Como consecuencia de ese esquema el crédito se encareció y afectó a la intermediación financiera.

En los últimos meses el Central comenzó a desarmar gradualmente estas restricciones. A la baja en las exigencias se sumaron cambios técnicos que amplían los instrumentos con los que los bancos pueden cumplir los encajes, lo que en la práctica facilita la administración de liquidez y libera recursos para prestar.

El trasfondo de este giro es el acuerdo técnico con el Fondo Monetario Internacional, que incorpora medidas orientadas a mejorar la transmisión de la política monetaria y recomponer el funcionamiento del crédito. La lógica oficial es que, superada la fase más aguda de estabilización, el sistema financiero debe volver a cumplir su rol de canalizador de fondos hacia la economía.

Más crédito, pero con un sistema bajo presión

El problema es que la oferta de crédito no depende solo de la liquidez disponible. Aunque la flexibilización de encajes puede contribuir a bajar las tasas y mejorar las condiciones financieras, la demanda sigue condicionada por la incertidumbre económica y el deterioro en la capacidad de pago de hogares y empresas.

El movimiento del BCRA llega en un momento en el que distintos indicadores muestran señales de estrés en el sistema. La morosidad viene en aumento y el uso del crédito, especialmente en tarjetas, se expandió en muchos casos como herramienta de financiamiento cotidiano más que como apalancamiento del consumo.

Esto plantea una tensión de fondo para la política económica. Por un lado, el Gobierno necesita que el crédito crezca para sostener la recuperación. Por otro, una expansión en un contexto de fragilidad puede amplificar riesgos financieros si no mejora la calidad de los ingresos.

La flexibilización de encajes marca el inicio de una nueva etapa, en la que la prioridad ya no es solo absorber pesos, sino también lograr que vuelvan a circular en forma de crédito sin desestabilizar el programa económico.

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