Open Finance sin cobranzas es solo media conversación

El avance del Open Finance promete más competencia y mejores productos, pero deja un vacío clave en la conversación: la gestión del riesgo y la cobranza. En un contexto donde el crédito digital creció más rápido que el intercambio de información, sin información a tiempo el sobreendeudamiento se detecta cuando ya es tarde. El problema no es el acceso, es la visión completa.

Hace un tiempo que empezamos a hablar, cada vez más, de Open Finance en Argentina y la región. Casi siempre desde el mismo lugar: más competencia, mejores productos, nuevas experiencias para el usuario.

Está bien. Pero el tema es que mientras discutimos eso, el crédito evolucionó bastante más rápido.

Antes, el crédito estaba casi exclusivamente en los bancos. Hoy cualquier persona puede financiarse desde una billetera, una fintech o una app en minutos. Eso amplió el acceso y sumó inclusión financiera real.

El problema es que el sistema no cambió al mismo ritmo que el acceso.

Hoy alguien puede tener varias deudas activas al mismo tiempo y cada entidad sigue viendo solo su parte. Evaluamos riesgo con información parcial y muchas veces recién entendemos la situación completa cuando empiezan los atrasos.

Ahí es donde el Open Finance deja de ser un tema de producto y pasa a ser un tema de cobranza y de calidad crediticia.

Los cambios regulatorios de esta semana ordenan la forma de cobrar desde cuentas externas. Ahora hay un mecanismo más claro y formal para hacerlo, con autorización del cliente. Está bien. Pero esto no es intercambio de información. No te da más visibilidad sobre la situación financiera real de la persona. Y sin información compartida, prestar mejor sigue siendo difícil.

En América Latina se habla bastante del tema, pero en la práctica todavía falta que la información circule de verdad. Incluso muchos datos oficiales de bancos centrales salen con uno o dos meses de atraso, así que terminamos tomando decisiones mirando el pasado.

No hace falta irnos a Europa para ver impactos reales. Acá en la región, Brasil ya mostró que cuando el intercambio de datos financieros es más profundo, mejora la detección temprana del riesgo y las refinanciaciones son más sostenibles. No baja la mora por arte de magia, pero reduce bastante la ceguera con la que muchas veces se gestiona.

Al final, no es solo tecnología: es información compartida a tiempo. Y en una región que viene golpeada económicamente y donde el crédito digital creció muy rápido, eso se nota.

Un Open Finance que funcione bien no serviría solo para ofrecer más productos. Serviría para algo más básico: prestar mejor, ajustar límites con más criterio y anticipar problemas antes de que aparezca la mora.

Porque si el crédito crece, pero la información no acompaña, la mora deja de ser una sorpresa. Y si no incluimos la cobranza en la conversación, el Open Finance queda incompleto.

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