La tarjeta ya no empuja el gasto

Los argentinos tienen hoy $24,6 billones financiados con tarjetas de crédito, pero ese volumen de crédito vale 4,6% menos que hace un año cuando se lo mide contra la inflación. El desempeño de las tarjetas de crédito se transformó así en una de las señales más observadas por el mercado para medir la fortaleza de la recuperación. En esta nota analizamos el último informe de First Capital Group.

El uso de las tarjetas comenzó a perder dinamismo | magnific

El financiamiento con tarjetas de crédito acumuló en mayo su quinto mes consecutivo de caída en términos reales. Según el último informe de First Capital Group, el saldo total alcanzó los $24,6 billones, con un incremento nominal de apenas 0,7% respecto de abril y una suba interanual de 27,1%. Sin embargo, al descontar la inflación estimada para el período, el resultado muestra una caída real de 1,7% mensual y de 4,6% frente a mayo del año pasado.

Los números reflejan una desaceleración sostenida del consumo financiado. El crecimiento nominal de los saldos quedó por debajo de la evolución de los precios, lo que implica una pérdida de poder de compra medida a través del crédito. La tendencia se repite desde comienzos de año y convierte a mayo en el quinto mes consecutivo de retroceso real para las operaciones con tarjeta.

La debilidad no se limita a este segmento. El informe también muestra una caída real de 1,4% en los préstamos personales y una contracción de 0,3% en el crédito total al sector privado durante el quinto mes del año. En contraste, los préstamos comerciales destinados a empresas crecieron 1,1% en términos reales, consolidándose como una de las pocas líneas que mantienen una evolución positiva.

Las distintas caras de la financiación de las familias, para qué usan tarjeta de crédito

El comportamiento de las tarjetas de crédito esta funcionando como un termómetro del consumo masivo. Durante los últimos años, la financiación en cuotas a traves de tarjeta de crédito permitió adelantar compras y amortiguar el impacto de la inflación sobre los ingresos. Con un escenario de menor inflación, menos promociones y condiciones crediticias más exigentes, el uso de las tarjetas comenzó a perder dinamismo.

A esto se suma una mayor cautela, y muchas veces restricciones por parte de las entidades financieras. El aumento de la morosidad observado en algunos segmentos llevó a bancos y emisores a revisar límites de crédito y endurecer las condiciones de otorgamiento, reduciendo la capacidad de financiamiento de parte de los consumidores.

Mientras la inflación continúa desacelerándose y algunos indicadores muestran una recuperación gradual de la actividad, el consumo financiado sigue sin reaccionar. Los datos sugieren que la mejora macroeconómica todavía no se traduce plenamente en una mayor capacidad de gasto de los hogares.

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