Tarjetas: menos financiamiento y cambio de uso

El consumo sigue en retroceso y las familias argentinas reconfiguran el uso del crédito. Aunque los saldos crecen en términos nominales, el financiamiento con tarjetas pierde poder frente a la inflación local. El fenómeno refleja un cambio más profundo en la dinámica del mercado interno.

El rol de la tarjeta de crédito esta cambiando en Argentina | FREEPIK

La financiación con tarjetas de crédito volvió a encender señales de alerta en Argentina. Según datos de First Capital Group elaborados en base a cifras del Banco Central (BCRA), el financiamiento cayó un 6,8% en términos reales durante el primer trimestre del año, en un contexto marcado por la debilidad del consumo y la pérdida de poder adquisitivo.

El dato resume una dinámica que se viene consolidando: aunque el stock de deuda con tarjetas crece en pesos, ese aumento no alcanza a compensar la inflación. En marzo, por ejemplo, el saldo total llegó a los $24 billones, con una suba mensual del 3,2% y un incremento interanual del 37,8%. Sin embargo, en términos reales, el crédito se contrae y pierde capacidad de sostener el gasto.

¿Por qué el uso paso a ser de “supervivencia”?

El fenómeno no puede leerse de manera aislada,. De acuerdo con datos oficiales y mediciones privadas, el consumo masivo acumula varios meses consecutivos de caída, una tendencia que se profundizó durante el verano. Informes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y de consultoras privadas coinciden en que la retracción se explica por la caída del ingreso real y el encarecimiento del financiamiento.

En ese contexto, el rol de la tarjeta de crédito también está cambiando. Históricamente asociada al consumo en cuotas, hoy aparece cada vez más vinculada a la cobertura de gastos corrientes. Alimentos, servicios y rubros esenciales ganan peso dentro del financiamiento, mientras se retrae su uso para consumos postergables.

Este cambio de comportamiento ya había sido advertido por el propio Banco Central en sus informes sobre medios de pago. En ellos observa que, en escenarios de alta inflación, las tarjetas tienden a convertirse en una herramienta de “puente” para llegar a fin de mes -más que en un instrumento de planificación del consumo-.

A la par, se consolida una diferencia cada vez más marcada entre las tarjetas tradicionales emitidas por bancos y las soluciones de crédito ofrecidas por fintech. Mientras las entidades bancarias siguen concentrando la mayor parte del financiamiento en cuotas y líneas revolving, las fintech avanzan con esquemas más flexibles, como Buy now, pay later (BNPL) o créditos integrados en billeteras digitales. Sin embargo, el crédito se utiliza menos para expandir el gasto y más para sostenerlo, aunque con lógicas y costos distintos según el proveedor.

Al mismo tiempo, el crédito con tarjetas enfrenta un entorno con más limitantes. Las tasas de interés, aunque con cierta desaceleración, se mantienen en niveles elevados en términos reales. Esto desalienta la financiación en cuotas fuera de programas promocionales. En otro orden de medidas, se observa una menor oferta de planes sin interés, que durante años funcionaron como motor del consumo en Argentina -para bien, o para mal-.

Otro factor clave es el deterioro del ingreso disponible. Según el INDEC, los salarios vienen perdiendo contra la inflación en varios períodos recientes- Este hecho marca una reducción en la capacidad de pago de los hogares y limita el margen para tomar deuda.  En paralelo, el aumento de tarifas y gastos fijos presiona aún más sobre el presupuesto familiar.

El resultado es un escenario de uso defensivo, o de supervivencia, del crédito. Las tarjetas siguen activas y con niveles altos de utilización, pero ya no impulsan el consumo como en otros ciclos. Funcionan como una válvula de contención en un contexto de ajuste del gasto.

Los próximos escenarios

Desde el sector financiero advierten que esta dinámica también tiene implicancias hacia adelante. Una menor expansión real del crédito puede impactar en la recuperación del consumo, uno de los motores tradicionales de la economía argentina. Al mismo tiempo, un uso más intensivo para gastos básicos podría incrementar los niveles de endeudamiento de los hogares en segmentos más vulnerables. Un hecho que ya se viene evidenciando.

La tendencia, sin embargo, no es exclusiva de Argentina. En distintos países de la región, los ciclos de alta inflación o ajuste económico suelen venir acompañados de un cambio en el patrón de uso de tarjetas, con mayor peso de los consumos esenciales y menor participación de bienes durables.

En el plano local, el desafío pasa por ver si la desaceleración de la inflación logra recomponer el poder de compra y reactivar el crédito en términos reales. Por ahora, los datos muestran que los plásticos siguen siendo una herramienta central para los hogares, pero cada vez más lejos de su rol tradicional como motor del consumo y más cerca de convertirse en un recurso de supervivencia financiera.

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