Hogares y empresas deben más, pero su deuda pesa menos en la economía

La deuda de hogares y empresas aumenta en euros mientras su peso sobre el PIB cae a mínimos desde 1999 y 2001, respectivamente. En paralelo, el flujo de préstamos gana intensidad y apunta a una financiación más dinámica.

La deuda de hogares y empresas en España crece, pero representa una proporción cada vez menor de la economía. En el segundo trimestre de 2026, el endeudamiento de las familias alcanzó los 729.000 millones de euros y el de las sociedades no financieras, 1,077 billones. Sin embargo, su peso sobre el PIB descendió al 41,9% y al 61,9%, respectivamente, según las Cuentas Financieras del Banco de España.

Las ratios se sitúan en sus niveles más bajos desde 1999 para los hogares y desde 2001 para las empresas. Al mismo tiempo, el flujo de préstamos concedidos por las instituciones financieras monetarias alcanzó el 4,6% del PIB, frente al 1,2% de media desde 2022.

Esta combinación muestra cómo el crecimiento de la economía permite absorber un mayor volumen de deuda mientras la financiación gana dinamismo. Para el sector del crédito, abre una cuestión central: cuánto margen existe para financiar nuevas necesidades y cómo se distribuye entre los distintos prestatarios.

La deuda de hogares y empresas aumenta en euros

La deuda de los hogares creció en 11.000 millones de euros respecto a junio de 2025, aproximadamente un 1,5%. La deuda empresarial consolidada aumentó en 22.000 millones, un 2,1%. Ambos sectores acumulan, en conjunto, alrededor de 1,806 billones de euros.

La reducción de las ratios responde a que el PIB nominal crece más deprisa que el endeudamiento. El resultado es un desapalancamiento relativo: la deuda pendiente aumenta, pero representa una porción menor de la actividad económica.

Esta diferencia importa para interpretar la evolución del crédito. Una economía más grande puede sostener un saldo de financiación superior con una menor ratio de deuda. La capacidad de devolución de cada prestatario, por su parte, depende de sus ingresos, costes financieros y calendario de vencimientos.

El PIB proporciona una referencia agregada. Los ingresos familiares y los flujos de caja empresariales permiten evaluar la capacidad concreta de pago.

El flujo de préstamos gana impulso

El mayor dinamismo de la financiación aparece en el flujo de préstamos de las instituciones financieras monetarias, que alcanza el 4,6% del PIB en términos acumulados de cuatro trimestres.

Para interpretar el dato conviene distinguir tres medidas: el saldo recoge la deuda pendiente en una fecha; la ratio sobre el PIB expresa su peso relativo; y el flujo registra las operaciones financieras realizadas durante un periodo.

Este último indicador refleja operaciones netas y tiene una cobertura que incluye los distintos sectores residentes. Su evolución ofrece, por tanto, una perspectiva más amplia que la financiación destinada exclusivamente a hogares y empresas.

Desde una lectura sectorial, el aumento sugiere un entorno más activo para la intermediación financiera. Para las entidades, ese dinamismo puede ampliar las oportunidades de negocio, aunque su efecto sobre la rentabilidad dependerá de los márgenes, los costes de financiación y la calidad de las operaciones.

La distribución del crédito será determinante: qué sectores reciben los fondos, para qué los utilizan y cómo evoluciona su capacidad de devolución.

La riqueza financiera de los hogares también mejora

La posición patrimonial agregada de los hogares presenta otra señal favorable. Su riqueza financiera neta alcanzó los 2,813 billones de euros, equivalentes al 161,8% del PIB. Este indicador se obtiene restando los pasivos al valor de los activos financieros.

El avance se explica principalmente por la revalorización de acciones y participaciones en fondos de inversión. Paralelamente, los hogares adquirieron activos financieros por 102.000 millones de euros durante los últimos cuatro trimestres.

El origen de esa mejora condiciona su estabilidad. Las aportaciones de ahorro incrementan el patrimonio mediante nuevas inversiones; las revalorizaciones lo hacen a través de los precios de mercado y quedan expuestas a su evolución posterior.

También importa la distribución de los activos. El aumento de la riqueza agregada puede convivir con situaciones muy diferentes entre familias, según sus ingresos, liquidez y obligaciones financieras.

Más financiación exige una lectura precisa del riesgo

La evolución de la deuda de hogares y empresas dibuja una economía con menor apalancamiento relativo y una financiación más dinámica. Esa combinación ofrece una base agregada favorable para el desarrollo del crédito.

Para banca y financiación empresarial, la evaluación del riesgo exige trasladar esa fotografía general a cada operación. Ingresos recurrentes, generación de caja, vencimientos y sensibilidad a los tipos de interés seguirán siendo decisivos para determinar cuánto endeudamiento puede asumir cada cliente.

Sigue toda la información de Open Hub News en Linkedin o en nuestra newsletter.

Autor