Aunque más de la mitad de la población adulta ya tiene una cuenta formal, casi el 40% continúa al margen del sistema financiero. En paralelo, Perú protagoniza una de las transiciones más rápidas hacia el dinero digital en América Latina, con pagos electrónicos que se multiplicaron por veinte en una década.

Perú vive un contraste llamativo: el 58,3% de los ciudadanos adultos posee una cuenta en el sistema financiero formal, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Esto significa que cuatro de cada diez peruanos —aproximadamente el 42%— aún permanece fuera del sistema, sin acceso a una cuenta bancaria básica.
A pesar de esta brecha, el país atraviesa una aceleración inédita de los pagos digitales, fenómeno que avanza con más velocidad que la bancarización tradicional. Las billeteras móviles, los pagos instantáneos y la interoperabilidad se consolidaron como herramientas centrales en la economía cotidiana, incluso para personas que no utilizan productos bancarios formales.
Un análisis reciente de Ljubicic Vodanovic, Founder de Peru Payments Association, proyecta que el uso del efectivo caerá del 95% en 2015 al 64% en 2025, mientras que los pagos digitales per cápita se multiplicarán por veinte, pasando de 30 a 590 en una década. Estos números evidencian la velocidad con la que el país adoptó mecanismos digitales de pago, aunque no siempre acompañados por mayor inclusión bancaria.
Una década de evolución
El Banco Central de Reserva del Perú (BCR) estima que durante 2025 se realizarán 1.600 millones de operaciones digitales, un volumen que marca un antes y un después en la forma de transaccionar en el país. El organismo sostiene que la digitalización financiera “avanza 30 veces más rápido de lo previsto”, impulsada por cambios regulatorios, tecnológicos y culturales.
Este crecimiento contrasta con la persistente brecha de acceso financiero: millones de personas usan diariamente pagos digitales pero no cuentan con una cuenta de ahorro, sueldo o depósito. Esto explica por qué la inclusión transaccional —la habilidad de pagar y cobrar digitalmente— evoluciona más rápido que la inclusión financiera formal.
Para analistas del sector, esta dualidad muestra que el dinero se volvió digital sin volverse necesariamente bancarizado. Las billeteras permiten operar sin intermediación bancaria directa, resolviendo la necesidad de hacer pagos, pero sin vincular a los usuarios a productos como crédito, ahorro, seguros o historial financiero.
Factores que explican la aceleración digital en Perú
Especialistas y reguladores coinciden en que la adopción masiva del dinero digital responde a una combinación de cinco elementos centrales:
-Billeteras electrónicas masivas: Yape y Plin se convirtieron en herramientas centrales de pago entre personas y comercios, especialmente en operaciones de bajo monto.
-Interoperabilidad progresiva: el BCR impulsó esquemas que permiten enviar dinero entre bancos y billeteras sin fricciones.
-Expansión de smartphones y 4G: la conectividad móvil simplificó la transición hacia pagos digitales sin necesidad de una cuenta bancaria tradicional.
-Regulación orientada a pagos instantáneos: el país avanzó hacia un modelo de transferencias rápidas, de bajo costo y con mayor competencia.
-Efecto pandemia: el COVID-19 aceleró la adopción de pagos sin contacto en comercios y consumidores.
El principal desafío para los próximos años será transformar inclusión digital en inclusión financiera real. Si bien el Perú se destaca por su rápida adopción tecnológica, los expertos advierten que el sistema necesita ofrecer productos más simples, mayor educación financiera y canales que faciliten no solo el pago, sino también el ahorro, el crédito y la formalización económica.
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